El diseño gráfico es una disciplina que abarca mucho. Antes de elaborar un producto como por ejemplo un logotipo, se deben tener en cuenta y trabajar muchos elementos como la idea, el color, la tipografía, posición, distancias o la composición, y lograr que todos se combinen armónicamente. Podemos comparar este trabajo al de una sinfonía en la que una mala nota puede arruinar toda una presentación.
Sin embargo la tipografía juega un papel muy importante que va más allá de no desentonar con los demás elementos, pues el tipo de letra en sí mismo puede comunicar ideas como prestigio, emociones o alegría, además de que funciona como un signo de identidad. No olvidemos que así como existe color corporativo también se trabaja con tipografía corporativa.
TIPOGRAFÍA
Pero, ¿qué es la tipografía? Podemos decir que es la que se encarga de la materialización visual del lenguaje verbal, es decir, de la escritura.
Es el arte de jugar con los elementos gráficos del texto escrito: usar los espacios y definir la forma de las letras de acuerdo a algún objetivo específico que puede ir desde optimizar la legibilidad del texto hasta adecuarlo para que exprese algún concepto como elegancia.
Para que tengas una idea más clara vamos a decir simplemente son los tipos de letra de los menús de los programas de procesamiento de textos, diseño o vídeo. Esto significa que todas las posibilidades tipográficas entre las que escoges diariamente en Word, por ejemplo, no están allí por arte de magia, sino que cada una ha sido pensada, dibujada y materializada por alguien con algún objetivo.
FORMA Y SIGNIFICADO
Estos conceptos son elementales para entender el territorio en que se mueve la tipografía. Cuando hablamos de forma nos referimos a lo tangible, a lo que vemos, es decir el trazo, la geometría, el estilo y el eje de inclinación de las letras. El significado por su parte es algo mental, es el concepto, idea o emoción que la forma nos transmite, es el mensaje de la tipografía.
A partir de ahí la tipografía cobra un nuevo sentido, pues podemos entender que no son simples trazos dibujados al azar, sino que cada una con sus rasgos característicos nos comparte una historia, provoca emociones y transmite un mensaje específico y determinado.
Veamos cómo se aplica esto a alguna de las familias tipográficas más importantes.
- SERIF
Se caracterizan por tener pequeños trazos que se extienden en los extremos de las letras, expresan un sentido clásico y tradicional.
- SIN SERIF
A diferencia de las Serif éstas no tienen trazos que sobresalen de sus extremos, sino cortes limpios y precisos, son de mejor legibilidad y se las relaciona con modernidad y elegancia.
- MANUSCRITA
Depende del contexto en que se use puede expresar diversión o modernidad, sin embargo no son muy legibles en textos largos, por lo que hay que tener cuidado en su uso
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TIPOGRAFÍA EN EL DISEÑO GRÁFICO
Una vez hemos entendido a grandes rasgos cómo funciona la tipografía y qué expresan algunas de las familias tipográficas es necesario reflexionar sobre las posibilidades y consideraciones de su uso en diseño gráfico.
Las palabras clave aquí son armonía y coherencia: armonía a nivel de la forma en relación con los demás elementos y coherencia con el significado, pues la tipografía expresa ideas o conceptos específicos y éstos deben estar en sincronía con los conceptos que los demás elementos como el color transmiten.
En otras palabras, la tipografía tiene que ser un elemento que se conjugue armónicamente con el color, el espacio, la distancia y el isotipo para que visualmente sea agradable. Pero también debe tener una coherencia con las ideas que se quieran transmitir. Si el logo es para una empresa que pretende enfatizar su sofisticación, pues todos los elementos han de estar en coherencia con esa idea, ya que quizá solos no tengan la fuerza expresiva suficiente, pero en conjunto transmiten de manera clara el mensaje.
deberás de preguntarte,¿Es fácil de leer?
La dura realidad es que a veces puedes encontrarte con tipografías súper bonitas, que tienen un encanto especial… pero que llegado el momento, te das cuenta de que no se leen bien.
Ya sea porque son demasiado finas, o demasiado gruesas, que no tienen buena definición, o suficiente contraste… Qué desilusión!
Especialmente en el caso de un logotipo, la legibilidad es clave, con lo cual no puedes obviar esta regla.
También es importante el tamaño: no es lo mismo la tipografía que escogerías para un poster, que utilizarás en una tarjeta de visita, verdad?
Mi truco es hacer pruebas de tamaño, imprimirlas y colocar las hojas a diferente distancia, así puedo asegurarme de que puedo leerlo tanto de lejos como de cerca
¿Y qué pasa si combinamos fuentes…?
Es genial tener acceso a miles de fuentes, ¡pero no tienes que utilizarlas todas a la vez!
Utilizar muchos tipos de letra en el mismo proyecto puede generar confusión y distraer el mensaje.
No se trata de ser aburrido, hay opciones. Dependiendo de la pieza final puedes jugar un poco. 😉
Por ejemplo, si estás creando un folleto, puedes usar dos fuentes muy diferentes entre sí que, combinadas generen el contraste necesario para darle dinamismo.
Ojo, que el asunto puede resultar un poco “tramposo”: por un lado quieres que las fuentes se complementen, pero no que no sean tan diferentes que “choquen”… me explico?
Como principio general, tienen que tener algo en común (por ejemplo, altura o grosor) pero visualmente tienen que verse muy diferentes.
Luego, para variar o conseguir diferentes jerarquías, lo mejor es trabajar con los tamaños de letra, el color, e incluso los espacios entre palabras y letras. De esta manera, lograremos dinamismo sin correr el riesgo de distraer del mensaje.
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